Anhelante Fantasía

El 31 de enero de 2008, escribí un relato erótico que a continuación publico en éste su humilde post. Originalmente era un PDF de dos páginas y planeaba publicarlo de la misma manera en ese formato, pero decidí hacerlo mejor en texto abierto, como lo hice en el anterior post titulado Erotismo de un sueño extraño sin final. Como es costumbre en éste tipo de post, la advertencia es obligada, sólo que en ésta ocasión no es tan extensa como en el anterior, ya que quise ponerla tal cual lo puse en el PDF originalmente.

Espero les guste.

Anhelante Fantasía
Por Japega. (2008-01-31)

ADVERTENCIA
El texto a continuación posee contenido erótico.

Estoy en mi oficina. Ha sido un día muy difícil y el calor es a penas soportable. Los clientes hicieron muchas llamadas y no me permitían continuar mi trabajo habitual. Hace ya tres horas que debí haber salido de la oficina, pero aún sigo ahí. Me reclino un poco para descansar, la oficina está en la penumbra y sólo la lámpara que alumbra la computadora está encendida y el ventilador que trata de aminorar la carga del caluroso clima que nos azota.

Cierro los ojos para descansar un poco. No sé si ha pasado mucho tiempo ya que creo que me estaba quedando dormido cuando escucho que la puerta de mi oficina se abre, despacio, abro los ojos un poco exaltado y veo a mi secretaria entrando. Se acerca lentamente. -Pensé que te habías ido desde hace rato…-, pero acercándose la mano a la boca, con una seña, me sugiere que guarde silencio.

La puerta se cierra con seguro, ella lo ha hecho. Camina hacia mi de una manera muy coqueta y seductora, despacio, al acercarse noto que su blusa está desabotonada hasta la mitad, dejándome ver el centro de su pecho, que me llama deslizando unas gotas de sudor en la ausencia del sujetador. La falda me excita con su altura a media pierna y a cada paso se levanta un poco más, muy poco, casi imperceptible.

Cuando llega a mi, empuja el sillón hacia atrás para crear espacio para nosotros, baja lentamente hasta que su cara está frente a la mía, su mirada es aterradora, llena de deseo, mis nervios están a punto de estallar, quiero tomarla con fuerza y hacerle el amor de una forma frenética, pero no puedo, no quiero, lo que se ha creado desde un inicio es tan alucinante como para echarlo a perder con arranques de lujuria.

Me toca suavemente y ambos nos percatamos de mi erección, levanta una ceja como signo de aprobación, comienza a acariciarme y lentamente me acerco para besarla… accede y la despojo de la blusa que me impide apreciar aquel cuerpo esbelto y bien torneado por el ejercicio constante, su piel es tan suave, acaricio sus pechos, firmes y excitados.

Ahora comienza a bajar, lentamente, se agacha y me desprende el pantalón muy lentamente, dejando mi pene al descubierto, erecto y ella lo acaricia introduciendo lo en su boca. La sensación de su lengua en mi glande está llena de éxtasis, me acaricia constantemente con ella, abrazando mi pene con movimientos lentos y constantes.

Después de un deleite de esos besos en mi sexo, la tomo grácil mente y le pido su mano para ayudarla a levantarse, ahora quiero devolver el favor, ella accede y toma mi mano, se pone en pié. Me agacho para deslizar suavemente el cierre de la falda gris que le contornea las caderas, bajo la falta junto con su sexy ropa interior, de color rojo como el deseo, sigo bajando, muy despacio, acompañando el movimiento con caricias de mis manos y besando sus largas piernas. Con un beso en el cuello le sugiero a sentarse en mi sillón, poco a poco voy bajando con besos que van desde el cuello terso y perfumado, pasando por sus pechos, besando y acariciándolos, poco a poco me desprendo a su abdomen y escucho un suspiro que arrebato de su ser con mis caricias. Sigo bajando, lentamente, ya percibo el aroma enloquecedor de su vagina húmeda. Toco ligeramente con mi lengua su clítoris y ahora un gemido sale de sus labios, continúo con lentas caricias a ese punto palpitante que me ruega más besos y caricias de mi lengua.

Los gemidos van subiendo de tono y es ella la que ha sugerido que me detenga, su rostro ya no es el mismo, la pasión y la lujuria se han apoderado de él y de su ser, ya no es la misma mirada seductora y coqueta del principio, ahora está llena de fuego. Me acerco, hace rato que ya no llevo mi camisa y permanecemos desnudos, disfrutándonos. Mi pene roza su vagina y en un instante se introduce suave y fácilmente por la lubricación de ambos. La sensación es indescriptible, todo mi cuerpo se estremece con esa sensación, mil lenguas abrazando mi pene no podrían hacer me todo mi cuerpo se estremeciera con tal cometida, ella gime y lo acompaña con un pequeño grito, casi inaudible, agudo. El movimiento es suave al principio, pero comienza a tomar ritmo. Ambos estamos empapados en sudor, la piel nos quema con cada caricia, con cada movimiento.

La aceleración se hace sentir a cada momento, no se incrementa súbitamente, pero sí en un grado en el cual no nos es posible percibirlo ni controlarlo, bajo el ritmo, deseo cambiar un poco las cosas y hacerlo aún más interesante. Sin decir una palabra ella me comprende y nos movemos a un sólo ritmo y tiempo, como si supiéramos lo que piensa o desea el otro.

Cambiamos de posiciones, soy yo el que está en el sillón ahora y ella se acomoda sobre mi, me toma, me envuelve con todo su cuerpo y vuelve la sensación tan exquisita de nuestros genitales. Controla el movimiento, poco a poco toma ritmo, cada vez con un poco de más fuerza y sensibilidad. El sudor correo por nuestros cuerpos, nos baña en ese aroma tan peculiar que embriaga en éstos momentos. Los gemidos son más audibles y excitantes, me penetran, me astillan y mi deseo de continuar aumenta, pero ya no nos queda mucho tiempo, el esfuerzo y la excitación se están acercando al máximo para ambos, los gemidos se han transformado en pequeños gritos de placer y el movimiento
es más fuerte y acelerado.

Hemos llegado al punto sin retorno, ella ya no me mira, su cabeza, echada hacia atrás y sus ojos cerrados, presionados, nos llevan como en un cauce sin retorno en donde no se sabe qué se encontrará al final. Los jadeos, gemidos y gritos se confunden, jadeo también, el momento se aproxima con frenesí, y en un instante el orgasmo de ambos explota en nuestros cuerpos, un grito estridente se escapa de nuestras bocas, no existe nada, todo el universo está aquí, nos llena, nos envuelve y perdura, se incrementa al punto del desmayo, nuestros músculos son torpes y no responden en ese instante de culminación inminente.

Permanecemos así, sin movernos, mientras que poco a poco se evaporan nuestras últimas fuerzas y el deleite del orgasmo se desvanece como el ocaso.

No sé cuánto tiempo ha pasado, pero el ruido de la puerta de mi oficina me ha exaltado, extra yéndome de mi sueño en un chasquido. En la puerta de mi oficina está mi secretaria y me avisa que ya se tiene que ir, se despide de mi cerrando la puerta tras de si. Fue un sueño, un sueño maravilloso que duró un instante en mi mente. Creo que ya es hora de ir a casa a descansar, pero al levantarme me doy cuenta de que tendré que hacer algo para no irme todo mojado como estoy y todo por una anhelante fantasía.

Fin.

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